21 Días En Busca Del Perdón

Introducción Serie Devocional

 21 Días En Busca Del Perdón 

Una jornada de restauración para el corazón

Hay heridas que no se ven, pero siguen doliendo. Hay palabras que fueron pronunciadas hace años y todavía resuenan en nuestra memoria. Hay ofensas que hemos intentado olvidar, pero que regresan cuando menos lo esperamos. También existen errores personales que hemos cometido y que, aunque Dios ya nos ha ofrecido su gracia, nosotros todavía seguimos cargando con culpa, vergüenza y condenación.

El corazón humano puede acostumbrarse a vivir cargando aquello que Dios nunca quiso que lleváramos para siempre.

Por eso nace esta serie devocional: 21 Días En Busca del Perdón.

No se trata simplemente de aprender, una definición del perdón. Tampoco consiste únicamente en reconocer, que debemos perdonar. Esta jornada pretende llevarnos a una experiencia más profunda, comprender el perdón desde el corazón de Dios, recibir su gracia, enfrentar nuestras heridas, reconocer nuestras propias faltas y aprender a extender hacia otros el mismo perdón que hemos recibido.

El perdón es una de las expresiones más poderosas de la gracia de Dios. Y, al mismo tiempo, puede ser una de las decisiones más difíciles que una persona tenga que tomar.

 

El perdón comienza en Dios

La Escritura nos muestra que el perdón no nació en el corazón humano; nació en el corazón de Dios.

El pecado nos separó de Él, pero Dios tomó la iniciativa para acercarnos nuevamente. En Cristo encontramos la manifestación suprema de esa gracia, Dios ofrece reconciliación al pecador que se vuelve a Él.

Por eso, antes de preguntarnos:

¿Cómo puedo perdonar a quien me hizo daño?

debemos preguntarnos:

¿He comprendido cuánto me ha perdonado Dios?

La cruz nos enseña, que el perdón no significa minimizar el pecado. Al contrario, revela cuán serio es el pecado y, al mismo tiempo, cuán grande es la gracia.

El evangelio, no nos dice que nuestras faltas no importan. Nos anuncia que, a pesar de nuestra condición, Dios abrió un camino de reconciliación por medio de Jesucristo.

Cuando comprendemos la magnitud de la gracia que hemos recibido, nuestro corazón comienza a ser transformado para extender esa misma gracia.

 

Perdonar no significa negar la herida

Una de las ideas equivocadas que debemos confrontar, durante esta jornada es pensar que perdonar significa fingir que nada ocurrió.

• Perdonar no significa decir que la ofensa fue correcta.

• No significa negar el dolor.

• No significa justificar el pecado.

• No significa necesariamente restaurar inmediatamente la confianza.

Tampoco significa exponernos, nuevamente a situaciones de abuso, violencia o daño.

El perdón es una decisión espiritual mediante la cual dejamos de permitir, que la ofensa gobierne nuestro corazón y entregamos a Dios aquello que nos ha herido.

Hay situaciones que requieren límites saludables, sabiduría, acompañamiento pastoral e incluso intervención apropiada. Perdonar no elimina la necesidad de actuar con justicia y prudencia.

Pero mientras buscamos hacer lo correcto externamente, Dios también quiere hacer una obra internamente.

Quiere liberar nuestro corazón, del peso del resentimiento.

 

Cuando la ofensa se convierte en una carga

Una ofensa puede entrar al corazón en un instante, pero permanecer allí durante años.

• Primero aparece el dolor.

• Después viene la indignación.

• Luego podemos comenzar a recordar constantemente lo ocurrido.

• Pensamos en lo que debimos haber dicho.

• Imaginamos cómo debería haber terminado la situación.

• Repetimos mentalmente las palabras que nos lastimaron.

Y poco a poco, aquello que alguien hizo contra nosotros comienza a ocupar un espacio demasiado grande dentro de nosotros.

La persona que nos hirió puede continuar con su vida, mientras nosotros seguimos viviendo alrededor de la herida.

Por eso necesitamos comprender algo:

El perdón no cambia el pasado, pero puede transformar nuestra relación con ese pasado.

Dios quiere que la herida deje de gobernar nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestras decisiones.

 

Perdonar es entregar el derecho de venganza a Dios

El corazón herido, muchas veces desea justicia inmediata. Un deseo y sed de confrontación, que actúa bajo la humillación.

• Queremos que la otra persona comprenda lo que hizo, y reconozca el daño.

• Queremos una explicación, más una disculpa.

• Queremos que experimente algo parecido, a lo que nosotros experimentamos.

Pero el camino del evangelio nos conduce a entregar la justicia definitiva en las manos de Dios. (Romanos 12:19)

Eso no significa que no debamos denunciar lo incorrecto, establecer límites o buscar justicia cuando sea necesario. Significa que no permitimos que la venganza se convierta en el gobierno de nuestro corazón.

Cuando entregamos la situación a Dios, dejamos de ocupar un lugar que solamente le corresponde a Él. Y allí comienza una profunda libertad, también necesitamos aprender a recibir perdón.

 

• Esta serie no estará enfocada únicamente en perdonar a otros.

También hablaremos de algo que muchas veces resulta sorprendentemente difícil:

perdonarnos a nosotros mismos, después de haber recibido el perdón de Dios.

Hay personas que pueden hablar de la gracia, predicar sobre la misericordia y aconsejar a otros, pero todavía viven prisioneras de sus propios errores.

Dios ya extendió Su gracia, pero ellos continúan castigándose interiormente. Recuerdan constantemente lo que hicieron, se llaman por el nombre de su fracaso.

Piensan:

• “Si hubiera actuado diferente, ésto no me estubiera pasando "

• ¿Cómo pude hacerlo?

• “Dios nunca podrá usarme nuevamente".

• “Ya no soy digno".

Pero el evangelio nos enseña que nuestra identidad, no está determinada por nuestro peor momento.

Cuando Dios perdona, Él no solamente cancela una deuda, también comienza una obra de restauración.

• Pedro negó al Señor, pero su historia no terminó con su fracaso.

• David cayó gravemente, pero experimentó arrepentimiento y restauración.

• Pablo persiguió a la iglesia, pero posteriormente fue usado poderosamente para anunciar el evangelio.

La gracia no llama bueno a lo malo, la gracia toma al pecador arrepentido y comienza una obra nueva en él.

 

El perdón requiere un corazón dispuesto a aprender

Durante estos 21 días, no queremos simplemente acumular información. Queremos, practicar.

Cada enseñanza nos llevará a detenernos, examinar nuestro corazón y responder delante de Dios.

Habrá días para reflexionar sobre:

• El significado bíblico del perdón.

•  La gracia de Dios.

• El arrepentimiento.

• Las heridas del corazón.

• El resentimiento.

• La culpa.

• La reconciliación.

• La misericordia.

• El perdón recibido.

• El perdón ofrecido.

• La restauración.

• El amor hacia quienes nos han herido.

Pero cada enseñanza tendrá un propósito mayor, llevar la verdad desde nuestra mente, hasta nuestro corazón y desde nuestro corazón hasta nuestra manera de vivir.

Porque conocer el perdón y no practicarlo, deja la enseñanza incompleta.

Con afecto pastoral y con el deseo de ver una iglesia sana, firme, santa, unida y profundamente arraigada en en la verdad de Cristo,

Pastor: Adonis Barboza Villar

 

 

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